lunes, 13 de septiembre de 2010

A 20.000 kilómetros de Tablada

Por Guardianes de la Memoria

Otago es una región de Nueva Zelanda situada en la parte sureste de la Isla Sur. Posee un área de aproximadamente 32.000 km², lo que la convierte en la segunda mayor región del país. Tiene una población cercana a los 200.000 habitantes.


Los pingüinos son unos bellos animales que no conocemos cerca del Guadalquivir, pero que se encuentran muy a gusto en esta región del hemisferio Sur.

El nombre Otago proviene de la versión inglesa de la palabra procedente del dialecto maorí Kai Tahu, "Otakou". La villa de Otakou, en la Península Otago, fue una base ballenera durante los primeros años del asentamiento de europeos en la costa este de Murihiku alrededor de 1840.


En ella se encuentran los importantes centros turísticos de Queenstown y Wanaka. Kaitangata en South Otago posee una importante mina de carbón. Los ríos Waitaki y Clutha también generan una importante cantidad de energía hidroeléctrica.

La primera universidad de Nueva Zelanda, la Universidad de Otago, se fundó en 1869.

Las principal ciudad es Dunedin, si alguien decide ir en tren, como harían aquellos footballistas del siglo XIX, caso improbable dado los casi 20.000 kilómetros y millones de metros cúbicos de agua que nos separan, se encontrará con esta estación:


El área Central Otago produce vinos de excelente calidad, hechos con variedades como Pinot Noir, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Merlot, y Riesling.

Parece que nos estamos enrollando más de la cuenta en la introducción, que nos hemos pasado “tres pueblos”, pero el camino es largo...

En lo que a nosotros nos puede afectar diremos que en el siglo XIX era una importante colonia inglesa, con periódicos propios, como “The Otago Witness”, editado en la citada Dunedin.


Todo esto venía, por algo, ¡ah! a lo que vamos, que andábamos buscando testigos para nuestras afirmaciones...

Como sabéis, mientras los investigadores de la tele intentan averiguar el culpable de algo utilizando las más futuristas técnicas forenses o sus poderes mentales para demostrarnos que no hay malo que no reciba su merecido, o que no hay un crimen perfecto, nosotros nos pasamos las horas en otras cadenas. Las nuestras son cadenas locas de búsqueda en Google o machacando hemerotecas con los nuevos ratones digitales de biblioteca. Las más de las veces, sólo echamos un buen rato y aprendemos algunas cosas de “cultura general” que nunca vienen mal.

Pero un día, aparecen los duendes y entramos en una página escrita en maorí, al otro lado del mundo, y te encuentras con esto (está en inglés y es muy largo):


En donde la parte que nos interesa de lo que dice nuestro testigo de Otago es esto:


Ahora lo ampliaremos un poco, no se pongan nerviosos.

Los emailes empiezan a echar humo, incluso suena el móvil (instrumento no utilizado mientras se investiga y sólo utilizado para quedar a tomar café o cerveza, según convenga).

Nuestro ratón escarbaba y le daba en el hocico que había dado con algo: “Aquí parece que hay algo gordo”.


Hemos topado con una mina virgen y la veta parece que contiene material abundante...

Parece que nos quiere decir que había un genial presidente y que se llamaba Mr. E. F. Johnston...

¿Presidente de un Club en Sevilla en 1891? Y ese artículo va de football...

Un testigo en Otago, a 20.000 km de distancia...

No hay crimen perfecto.

(Continuará, no se pierdan el próximo episodio: “Será noticia para muchos”)

1 comentario:

  1. No me lo pierdo seguro. Esto seguro que tiene de los nervios a muchos. Felicidades.

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