martes, 1 de diciembre de 2009

Un secuestro consentido

 
El pasado 25 de Noviembre fue el día contra la violencia hacia las mujeres y me vino a la cabeza la rocambolesca historia de mi vecina. Usaré un nombre ficticio para ella y la llamaremos Bety. La pobre Bety, tras 17 años de matrimonio ahora anda diciendo que ella siempre ha estado secuestrada por su marido, pero claro, nadie que los conozca la cree. Pobre mujer. Está fatal.

Yo que la he visto durante tantos años pregonando su amor a los cuatro vientos, presumiendo de su eterna felicidad, de sus viajes, de las alegrías que compartían juntos. Incluso cuando algo se les torcía, en los malos momentos, más felices decían ser. Y yo, que por desgracia me he llevado más de un desengaño amoroso, he tenido que soportar su altanería y soberbia, mofándose de mi desgracia mientras presumía de ser amada por el hombre ideal.

Yo le advertía que ese hombre no era bueno para ella. Que era ruin y mezquino, pero Bety nunca me escuchó. “Ya quisieras tú tener un hombre que te quiera tanto como el que tengo yo. A ti ellos solo te quieren para aprovecharse de ti”. Me decía.

Pasé tantos años advirtiéndole que al final desistí. La dejé regocijarse en su gloria pasajera. Solo ella podía darse cuenta del error que estaba cometiendo.

Años después, por fin terminó mi mala suerte. Cesaron mis desengaños y comencé de nuevo a disfrutar. Ante mi gozo, mi vecina llena de celos y envidia, comenzó a exigirle a su marido cada día más y más, pero él, tan triste y cicatero como siempre, siguió dándole a ella exactamente lo mismo. Ni un cariño más ni uno menos, pero eso ya no era suficiente.

En los últimos tiempos ambos están muy distantes. Casi no se hablan y ahora ha sorprendido a todos acusando a su marido de secuestro continuado durante 17 años. Nadie se cree su rocambolesca historia y la pobre, ante la incredulidad generalizada, va a acabar por perder los nervios definitivamente. Pobre vecina Bety. Que desdicha la suya.

PD: No interpreten mal esto que les cuento. El maltrato es un tema muy serio y delicado. Las mujeres que lo han sufrido lo saben. Solo ellas saben la enorme valentía que hay que tener para denunciarlo. Para enfrentarse a su agresor. Para recuperar su vida. Ante las mujeres maltratadas que se atreven a denunciar a sus agresores me descubro, me quito el sombrero y rindo sincero homenaje a su valentía y coraje. Son un ejemplo para todas aquellas que no se atreven a hablar.

Pero existen otras mujeres como Bety, pocas pero las hay, que aprovechan el sufrimiento de esas tantas mujeres maltratadas y pisoteando ese tremendo dolor, denuncian a sus maridos sin haber sufrido maltrato alguno, a base de mentiras,  con la única intención de engañar a la justicia para que expropien a sus maridos de la casa y las posesiones que comparten. Para estas mujeres, nada. Solo silencio. Esas que traicionan el buen nombre de la mujer, no se merecen ni siquiera mi desprecio.

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